La vibración de una burbuja
Oigo el tintineo de las copas.
Mis sobrinos se pelean por llevarlas de un sitio a otro.
Los cubiertos lustrosos se disponen desordenadamente en algún rincón de la mesa.
Los platos ya están ordenadamente apilados por comensal.
En el suelo, mi gatito huye como le hubiesen expropiado su espacio. Escapa de manos gigantes y extrañas que intentan cogerlo, como si fuese un peluche, como si no tuviese vida, como si le gustase que le despeguen del suelo para gritarle horteradas al oído.
Intento conciliarlo con la realidad. Le doy las caricias que le gustan y se tranquiliza. Aunque está extrañamente alerta.
Se oyen infinidad de pasos por la escalera. Ascendentes, descendentes. Rápidos mis sobrinos. Urgente mi madre. Lenta y meticulosa mi abuela. Mi abuela..
A pesar del barullo, es inmensamente feliz.A sus 85 años se emociona como niña. Sus nietos pelean hasta la lágrima para volver a jugar, Sus hijos cocinan algo casi herméticamente. Parecen druidas de vitrocerámica bien avenidos removiendo la poción mágica.
Pese a las circunstancias, sigo en mi almena, refugiada en prácticas que tengo que entregar urgentemente y me distraigo un momento mirando desde arriba la burbuja que se agita en las plantas de abajo.
Sonrío.
No me gusta la Navidad. Pero no puedo resignarme a disfrutar, como mi abuela, del calor de un hogar vivo.
Feliz año a todos








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