Sola
Ayer bajé envuelta en montañas.
Me decidí a ir sola. Por algún extraño motivo, no encontré quien me acompañara. Ellas querían que fuera sola.
Y querían bien.
Otras veces, la sensación de soledad me aturde. Me paraliza. Me angustia.
Acallé las voces que brotan en el silencio y disfruté del fasto de la nieve, el hielo y la roca. Tuve la oportunidad, incluso, de ir con un grupo de desconocidos, que se ofrecieron amablemente. Pero no la aproveché.
Toda la subida iba canturreando descuidadamente una canción de Héroes, cuyo estribillo dice "este es mi sitio, esta es mi espina. Iberia sumergia, su rumor es clandestino..." Lo repetí hasta la saciedad. Consciente. Inconscientemente. Al mismo ritmo que hundía mis crampones en el hielo. Cuán identificada me sentía con aquellas cuatro frases...
Apenas pisé cumbre. Un viento violento no invitaba en absoluto a quedarse. En la bajada iba pendiente de dos compañeros que no vi descender. Supongo bajarían por otro lado.
Por un momento, di rienda suelta a la emoción. Me acuclillé en plena pendiente. El aire gélido, cargado de cristales golpeaba mi cara. Me quité las gafas, para sentirlo mejor. Detrás de mi una tierna historia hacía eco en la paredes que custodiaban mi espalda. Frente a mi, en silencio, se extendían líneas de murallas blancas, azuladas, zigzagueantes... infinitas.
Esperé el suficiente tiempo como para agradecer las vistas. Agradecí el poder y el saber disfrutar de aquello. Esperé hasta que me sentí bien empapada de silencio, de horizonte escarpado, de frío conciliador.
Otras veces me afano en bajar todo lo deprisa que sé, para tocar tierra firme. Ahora no. Bajé despacio, como quien no tiene nada ya que ganar ni que perder. Bajé mimando el choque con la realidad... casi eludiéndolo.
Dos gélidas lágrimas brotaron y se fueron con la misma felicidad.
Feliz invierno..



