Silencio
Otra vez la mochila está calentita.
Cancelada la previsión de un viaje largo, nos sumergiremos en el mar de rocas rotas de Picos de Europa.
Siempre me emociona preparar el material. El click de mosquetones que pasan de un cordino a otro, anudar, desanudar, e ir imaginando mientras, cómo será el lugar al que vamos... La mente es caprichosa y compone a su antojo fotos de libros, crokis antiguos, indicaciones de expertos, la propia imaginación...
No me da tiempo a deshacer mochila de una escapada a otra. Y eso me gusta. Pero me da miedo.
Inadaptada, se me quedan las ilusiones colgadas en la última cumbre, siempre, y sobrevivo cinco días a la semana con la retina impregnada de altura, aire fresco, sol, nubes y silencio... mucho silencio... Vivo despegada del suelo. Mis pies nunca llegan a tocarlo. No les doy tiempo.
Y me da miedo que un golpe de aire me haga tocar tierra súbitamente...
Ahora me limito a sentirme de ellas. Me abrazan todos los días y todos los días sueño que estoy allí. ¡Cómo adoro su silencio...!
Temo los fines de semana largos, porque es aún más difícil insertarse después en el mundo "real". Vuelvo hecha piedra, semilla, gota, mugido, raíz... y me vas tú a decir qué pinta una piedra, una vaca, una raíz de gramínea en el asfalto abrasador...
Me consuelo, porque me voy. Me da igual la inserción. Me voy. Me voy. Me voy. Me voy. A convertirme en lo que soy.
Allí puedo hablar sin mover los labios, puedo llorar sin dar explicación, puedo reír y quedarme atónita sin motivo, puedo subir para no llegar a ninguna parte, puedo abrazarte porque lo siento necesario... y mire donde mire... hay silencio...
Silencio hondo
Silencio opaco
Silencio intenso
Silencio compartido
Silencio desinteresado
Buen silencio a todos.
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