Segundo intento
Era la segunda vez que íbamos a quitarnos la espina.
Una densa niebla y el tiempo, que corría en nuestra contra, se empeñaron en hacernos abandonaren el primer intento.
Esas formas sinuosas serpenteaban con mis deseos, incluso en sueños.
Otra vez allí. A sus pies. Ritual de preparación. Silencio. Comprobaciones...
Todo listo.
En grandes bucles, las dos cuerdas permanecían a mis pies. Su vida terminaba en la cintura de mi compañero, que ascendía tranquilo.
Un pedal...el otro. El habitual clink de asentamiento de mosketones y otro paso en vertical...
Una señal me indica que ya puedo subir yo.
Y experimenté, desde hace mucho tiempo, esa sensación que verdaderamente hace a uno disfrutar de la escalada.
Subir, sin pensar en más que subir. No hay nada más en este mundo que una pared frente a tus narices, una chapa por encima y dos cuerdas que se pierden más allá del horizonte diferente...
Sí, iba de "segun", pero abriendo el largo hubiera sentido exactamente lo mismo. No me dolieron los nudillos, ni los golpes en las rodillas. No me dolía nada... sólo subía mientras canturreaba algo despreocupadamente.
"Cómo me gusta... trepar a Montserrat.. lara laaaa laralaaa"
El aire fresco, lejos del agobiante y tórrido de superficie... El sol acariciando la cara...
Asoma tu casco rojo, como la nariz de un payasete saliendo de una tarta de crema... y te veo.
En mi euforia no me doy cuenta de que las cosas no van bien... Al filo del segundo largo, circunstancias ajenas nos hacen tomar la decisión de abandonar una vez más...
Tranqui, compi.
A la próxima. Las cumbres no se van.
;o)



