Un regalo, colgado de una rama
Anónimos deliciosos
Hay quien regala versos, los abandona sobre una barandilla y deja que sea el tiempo el que los haga macerar a la vera de la sabiduría de la madera, como este que me he encontrado, al lado de un roblón centenario. Alguien había robado unas cuantas estrofas, pero lo que queda de él es suficiente:
Canta al aira su Sol frente al ROBLÓN
que el bosque preside como patriarca en misión
besando en susurro hayedo y robledal,
que su alto estar
no es despectiva soledad
que todo en derredor acompaña
Señala al río su camino,
como conoce de los vientos su destino,
que el árbol está hecho
para que el viento lo visite
Ve pasar al perro que le escribe
su cariño con la cola
y se guía por el gallo relojero,
que canta las horas, vigilante pregonero,
el camino y él están hablando a grito herido.
Ya sus años venideros comienzan
a tener carcoma de pretérito,
mietnras el hombre se desmemoria
de hermosa biografía
de este anciano, vigía y atalaya
que ya es cielo de tanto que ha vivido.
Todo, todo, todo, ¡qué pacifista tan sabio!
hasta el cielo en su línea desteñida
irá de espaldas. Y diremos "este pudo
más que el gran vendaval del tiempo
y supo navegar en el río caliente de la vida".
Y es un canto en la provincia del corazón de Estalaya
Paríso sin manzana.
Y con todos los derechos de estar sobre esta tierra
Mientras nosotros, sin delisndar
las aves y las fieras,
llevando el corazón del lado izquierdo,
en él enraizamos su presencia gigante de tamaños.
Aquí entre vuelos de palomas de los aplausos
va cayendo el telón
mientras marchamos juntos de hermano a hermano
por eso estamos de cuenta-vidas
de esta geografía, que ya no cabe en la mirada.
¿por qué si tenemos dos ojos
no vemos dos veces las cosas?
Anónimo



