Para un soñador
¡Y mira que nos lo pusieron difícil!
Parece que se había propuesto el destino bombardear el camino de baldosas de oro que unía mi mundo y tu mundo de maravillas.
Pero, lejos ya de esa guerra infundada, volvimos a buscarnos. Y nos encontramos. Pusiste a mi puerta un regalo que no tardé en abrir y como somos tan endiabladamente parecidos, a tu puerta puse yo mi presente, que casualmente, era igual que el tuyo:
CONFIANZA
Y hoy me dejas ser tu abogado del diablo y tu confidente. Je, je. ¡A veces siento que me queda grande el papel!, pero ya haces tú para que no me sienta pequeña y anotas mis palabras en una servilleta, por si un día te hacen falta.
Y yo agradezco infinitamente el poder depositar en ti mis secretos, mis objetivos, mis dudas... Y dejo que me des consejo y me aprovecho de tu hombro para quejarme del mundo. Y con una mirada cómplice me despeinas y me enseñas que las cosas son relativas...
Y ayer me llamaste "hermanita"... Ourf.............!!!!!!!!!!!!!!!!!!
A eso no sé cómo responder!!!!
Sólo se me ocurre estar ahí cuando lo necesites (y cuando no lo necesites también) y supongo que, con el tiempo, te demostraré lo que me importas y lo cerquita que me siento de ti, a pesar de la distancia.
Un abrazo muy fuerte, G.
;o)

