Mi fobia
En mi casa todo el mundo lo sabe.
Mis amigos también.
Y saben a lo que se exponen.
No había terminado de escribir el post anterior cuando de repente veo que algo blanco se aproxima a gran velocidad. Agresiva, atacante, sin compasión.
De tamaño desproporcionado (unos tres cetímetros cuadrados), con alas, antenas, patas y esas guarradas horripilantes que dan tanto asco, sin hacer ruido, sigilosa... Ninguna había osado acercarse tantísimo a mí, ¡descarada insolente!. ¡¡¡Se posa en mi mano!!! ¡¡¡Una polilla en mi mano!!! ¡¡¡TODO EL MUNDO SABE LO QUE SUPONE UNA POLILLA EN MI MANO!!!(Creo que quería succionármela o inyectarme en ella sus huevos venenosos, o mordérmela -seguro que hay polillas carnívoras-) El bote que pegué fue descomunal. Mi corazón a cincuentamil vueltas por minuto, sudor frío y los nervios como cables de cobre de alta tensión.
A las 2 de la madrugada mi madre dormía feliz en su cama. Jamás, bajo ningún concepto la despierto cuando descansa. Nunca. Hoy roncaba tranquila y la radio sermoneaba a su oído.
Repetí -mamá, como... cincuenta veces. Lo susurré. Tiene un sueño demasiado profundo. Le apago la radio, poco a poco. Y en un momento en el que toma aire largamente, vuelvo a susurrar...-mamá .
Se despierta sobresaltada y... lo de siempre. El momento de decir: "mamá, tengo una polilla en mi cuarto" es ridículo. Si yo lo sé. Lo digo con gesto "Sabes que no puedo con ellas. Son más fuertes y más grandes que yo"
He de confesarlo. Tengo fobia, fobia inevitable, pánico incontrolado a las puñeteras polillas. Veo una y todo me pica, sudo, me asusto, huyo, ¡¡me altero como no lo hago por nada en esta vida!! Ni las arañas, ni las avispas, ni las culebras... nada. Las polillas.
Aún adormilada sube a mi cuarto, toalla en mano. Yo me escondo fuera de la habitación y miro por la breve ranura que me permito enre la puerta y su marco. Veo la sombra de la toalla PIM, PUM, PAM. -Hija, no llego. Se ha puesto en el techo la muy cabrona.
Desde el otro lado le invito a que tome mi silla para ganar altura, la manta, lo que quiera, pero por caridad, que no le pierda el ojo y la mate. Que se cerciore y que el levantamiento del cadáver sea con todas las de la ley. Ahora, el enterramiento fuera de mi cuarto, por supuesto.
Las polillas resucitan.
En cuanto acabe las entregas y los exámenes, me pienso comprar una mosquitera de ocho capas. O un día muero de infarto.
Ella sabe que yo no la despertaría jamás, salvo por causa de necesidad vital.
Pobres madres...
- Deja tu comentario (15)

