Es mejor no mirar...
Rodé para perderme.
Pensé que seguramente encontraría algún camino que no conociera que acompañase al río. Tal vez encontrara algún camino que hubiera recorrido ya alguna vez...
Rodé sin rumbo fijo.
Y maldita la hora.
Tomara la ruta que tomara, mi rueda topaba con algún terraplén, alguna escavadora, algún volquete o un operario con mirada de..."esta no tiene ni idea de por dónde va"
En un momento alcancé un alto en el páramo y, como pitufos fosforitos, decenas de trabajadores, otras tantas máquinas "comecampos", grúas... han minado el paraje ya de por sí desolador que circundaba Valladolid...
Aquella pista truncada me obligaba a meterme en una urbanización. Lo hice con ánimo de encontrar su fin y poder perderme en algún camino sano... Pero no lo logré.
A cambio me recorri aquel geto de chalets tan nuevos como precarios.
Como animal fuera de su hábitat salí despavorida de allí.
Evidentemente, ningún constructor va a pensar en las madrigueras que habrá cerrado de por vida, ni va a reparar en los árboles que podrían haber crecido donde ahora se desparrama como mancha una gruesa capa de cemento y asfalto. No pensará en los que disfrutamos de la yerma naturaleza que da carácter a esta tierra...
Aquí no hay costa, no. Es evidente que eso, a los constructores les trae sin cuidado. Construir y lucrarse se puede hacer en cualquier lugar. ¡¡Ancha es Castilla!!
Malditos canallas ...

