El jardinero fiel
Ha amanecido un cielo gris plomizo, denso, al borde de la lluvia. Las calles brillaban un color triste y una estridente sinfonía de ruidos metálicos aporreaba mis intenciones, aún adormiladas.
De camino me acompañaba la sensación que dejó en mi mente la película de anoche, El jardinero fiel. Y miré a mi alrededor.
Sospeché del mafioso y enturbado entorno. Caminaba con recelo sabiendo que tras cada minúscula estructura urbana, bajo cualquier vehículo, dentro de cualquier buzón amenazaba la corrupción que ayer, en la película, se hizo tan evidente.
Estoy segura de que alguien hubiera hecho mejor la pavimentación de esta plaza, pero no le otorgaron la obra porque al no contratar inmigrantes de sueldo barato, esa empresa hubiera costado más.
También estoy segura de que los nuevos indicadores de la hora han sido otorgados a un empresa que paga, explota y maneja a sus trabajadores.
Estoy convencida de que tras cada marca farmaceútica se esconde un laberinto de sucios beneficios...
Qué impotencia se siente en esta silla.
Miro en mi maletín las herramientas que poseo para no contribuir a LA GRAN MENTIRA. Veo un portátil, un horario, una lista de alumnos... Suficiente para sembrar en unas cuantas cabecitas aún tiernas la revolución contra la farsa en que nos sumergen desde que nacemos.



