Horas
Pasan las horas y como espada ancha y afilada tu ausencia se va clavando en mis entrañas.
Voy dejando rastros de sangre allá donde vaya. Mis ojos no miran a ninguna parte, me da igual lo que pase a mi alrededor. Vivo encerrada en mi silencio, incapaz prácticamente de articular palabra con nadie...
Miro a mi estrella, esa que un día escuchó tu nombre decenas de veces, hoy no es más que una estrella perdida en el firmamento, ya no es nada, un pequeño punto de luz que apenas alcanzo a ver.
He perdido hoy el norte. Voces de un lado y de otro me desconciertan.
No sé si estoy en medio de la tormenta o sencillamente lo que quedan son reminiscencias de la vorágine. Sólo sé que no me quedan fuerzas para resistir. No había sentido mi corazón tan triste nunca, absolutamente aletargado... no sé ni por qué late.
Quiero arrancármelo para que no me duela más, pero no sé hacerlo. No quiero sentirme así, pero cómo puedo salir de aquí?
Pasan las horas mirando esa pantallita y jamás anuncia tu nombre y sigo esperando... ¡¿Por qué soy tan absolutamente imbécil?! ¿No ves que no va a volver? Pues no, no lo veo, aún no me hago a la idea.
Cancelo todos mis planes, no tengo ganas de nada, no puedo salir de esta espiral. Cada día estoy más confundida y cada día me encierro más en mí misma. No quiero pero no puedo evitarlo. Es demasiado grande lo que se me echa encima... y no voy a esquivar nada... ya no me quedan fuerzas para pelear.
Nada me ha salido derecho. He dejado ríos de esfuerzo para mover una triste ficha de este puto juego... y al final, encima, siempre las he movido mal.
Pasan las horas, las horas más desesperantes de mi vida... pasan para nada. Sencillamente, para dejarme clara constancia de que no estás. Pasan y como mano cruel siguen clavando la espada de tu ausencia. Me desgarro por dentro... y diferentes voces me siguen confundiendo.
Quiero dormirme... quiero dormirme hoy por última vez...
Pero mañana fijo que alguien me despierta.

