Héctor
Querido Héctor:
Probablemente, nunca leerás estas líneas, pero tengo ganas de dedicártelas y, una vez más, meterlas en una botellita. Algún día, de un modo u otro, te llegarán.
Ha venido tu mamá a hablar con nosotras. Y nos ha dado la noticia de que te duele el alma, de que te sientes triste, de que la luz del mundo se te apaga.
Hoy no has venido a clase. La medicación es demasiado fuerte y te has quedad durmiendo. Mi niño...
Cuántos años llevas conmigo en clase... ¿5? Eras un mico enano cuando venías el primer curso y ¡nos llevávamos fatal! ¿Recuerdas cuando tenías que estudiar las conjugaciones verbales... y me mandabas a la mierda llorando, enrojecido, enrabietado?. Te negaste a entrar en mi aula si estaba yo dentro... jejejejej
Hoy te echo de menos si no estás.
Has crecido tanto que me sacas una cabeza y media espalda. Tienes una voz adulta y las facciones de tu cara son más duras. Pero yo te miro a los ojos, Héctor, y veo el niño de siempre. El niño sensible, el niño cariñoso, el niño agradecido.
Ya no es correcto que te llame niño. Todas esas cualidades ahora se traducen en... eres una buena persona.
Ha crecido dentro de ti eso que entre todos hemos plantado con tanto mimo, y no imaginas lo que eso me llena.
Pero te duele el alma. Y lloras solo.
Venías i buscando cariño... y yo sin saberlo... ¡¡Menos mal que lo recibías!!
Cúrate pronto, grandullón. Aquí estamos como medicinas, como amigos... Como lo que necesites.
Un abrazo muy fuerte.

