Tu escotadura supraesternal
Observo la sombra de lo que proyectas. Se impone el silencio.
Recojo las pistas que de ti me has puesto en las manos. Lentamente las uno y, aunque lejos, muy lejos de completar el puzle de tu pensamiento, siento que me has permitido descubrir un poco más.
No hay gestos ausentes en tí. Son gestos sutiles. O la sutileza de un gesto minimizado. Tal vez busques la esencia... en todo.
Jamás llegaré a descifrarte. Pero me gusta. Quiero seguir escuchando el tintineo silencioso de los interrogantes que te acompañan.
¿Me permites? Déjame posar mi dedo en tu Bósforo de Almasy.

