Circunstancias-ancla
Tumbada en un claro, con mi cabeza recostada sobre tu barriguita. A mi vista, la pared norte de Agulles. Escojo y me encapricho con una aguja... Algún día la haremos.
El airecito fresco del ocaso despeina mi flequillo, que me hace cosquillas en las mejillas. El cielo es azul intenso y el sol ya no quema.
Cierro los ojos, a modo de diafragma, y capturo la sensación en mi álbum personal
Los vuelvo a abrir y Agulles se ha convertido en una fría torre de 15 plantas. No puedo ver el ocaso. Centenares de edificios se interponen entre él y yo. Lo único que despeina mi flequillo ahora es un viento desagradable, frío y con miles de partículas flotantes.
Mis manos en forma de roca no tienen sentido aquí. Mi espíritu libre se desploma sobre el asfalto como ave perdigonada de muerte.
Busco el sol, el frío. Busco el áspero tacto de la pared, y busco tu casco rojo en una reunión. Busco las heridas en mis manos. Busco perderme como un puntito en aquel muro. Busco acariciar las cuerdas una y otra vez, recogerlas, extenderlas, anudarlas... Busco respirar el aire que moldea mis sueños y las imágenes que me invaden en cada pestañeo.
Busco y nunca termino de encontrar. Cuando estoy allí, arriba, siempre quiero estar más arriba. Y cuando estoy abajo ya estoy deseando volver a subir. Abarroto mis agendas de planes. Las servilletas de los bares se llenan de nombres incomprensibles... La Sánchez Martínez de Diables..., La Sánchez Martínez...
Te dejas bombardear continuamente por esta obsesión que me lleva a los diablos... ¡y me soportas! Y lo que es peor... ¡¡dispones a mi antojo más y más deberes!!
Quiero volar sobre ese mar de nubes... y sentirte allá abajo, al otro lado de la cuerda.

